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15 abr 2015

Papá, quiero ser bombero

Una reciente encuesta de Gallup muestra que el 82% de la población mundial manifiesta no estar comprometido, o incluso activamente descomprometido con su trabajo. Es decir , mas de mil millones de personas están esperando cada dia que llegue la hora de irse, el fin de semana, que sea Navidad o Agosto o que llegue la tan ansiada jubilación.

Perdónenme pero, ¿qué clase de sistema es este?

¿Mil millones de personas con mas tendencia al estrés o la depresión? ¿mil millones de personas siendo medianamente felices o sintiéndose desgraciadas? ¿mil millones de personas con una alta tendencia al absentismo? ¿con un nivel de productividad justito o directamente bajo?

Nuestra sociedad debe hacer mas pronto que tarde un replanteo del sistema educativo y de orientación profesional. Ya no sirve solo dar conocimientos, hay que poner a la gente a hacer aquello que quiere y puede hacer. Como dato tomen que entre un 20 y un 50% de los estudiantes universitarios abandonan sus estudios antes de graduarse. Eso le cuesta al país alrededor de 1500 millones de Euros “improductivos” frente a los 600 que dedica a becas.

No obstante, aunque no cambiáramos nada a nivel educativo/social, las empresas pueden hacer mucho más de lo que hacen para conseguir comprometer a su gente, empezando por un cambio de approach a la relación laboral: en lugar de una relación unidireccional empresa/trabajador (esto es lo que hay y lo vas a coger porque estás en paro), las empresas deben empezar a pensar en la organización como un entramado de intereses de mutuo beneficio (el tan conocido win-win).

Por otro lado deben trabajar más profesionalmente los cuatro pilares que generan compromiso en los empleados: mi trabajo, mis compañeros, mi jefe, mi empresa.
Mi trabajo, poniendo a la gente lo más cercana posible a lo que le gusta hacer y no buscar gente formada para hacer de director general para un puesto de auxiliar administrativo. Cuando hago lo que me gusta, tengo los medios para hacerlo y entiendo la importancia de mi trabajo para la empresa soy tremendamente productivo.

Mis compañeros, favoreciendo el trabajo en equipo con entornos claramente definidos, fomentando la iniciativa grupal y el desarrollo de la relación humana entre ellos. Cuando me siento confortable con mis compañeros soy más productivo. Pocas empresas analizan el encaje del nuevo candidato en el equipo preexistente a nivel humano.

Mi jefe, uno de los factores más importantes. Y lo es por el hecho de que en gran medida es el dueño de mi destino en la gran mayoría de compañías. Si no tiene habilidad para gestionar personas (no recursos), si no sabe mediar en los conflictos personales que se dan hasta en los equipos más compenetrados, si no es capaz de hacerme crecer como profesional, no conseguirá que yo me sienta comprometido.

Y por último, mi empresa. Si creo que se hacen las cosas bien, si veo que tiene una dirección eficaz, si además se involucra en la mejora de la sociedad donde opera, tendré una alta tendencia a comprometerme.

Si el compromiso genera mayor productividad, entonces el compromiso es una palanca estratégica para diferenciarme de mis competidores. Probablemente necesitaré menos gente, produciré con más calidad y obtendré mayores resultados, con lo que seré más sostenible y muy probablemente seré más longevo que ellos. Comprometer es rentable.

Tiempo atrás le pregunte a mi hijo de 16 años qué quería estudiar. Su respuesta fue que quería ser bombero. ¿Bombero?, ¿por qué bombero? Me contestó muy seriamente lo siguiente: “Por tres cosas: porque deben saber de muchas cosas distintas, porque deben trabajar su forma física y sobre todo, porque ayudan a los demás”. Creo que voy a apoyar a mi hijo en ser bombero. Quiero que sea feliz.

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